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Parece que esto no lo dijo 

El Jefe Seattle

Hace mas de un siglo un indio piel roja, el jefe Seattle de la tribu Suwamish, envió una carta a Franklin Pierce, presidente de los Estados Unidos. Esa carta fue su respuesta a la oferta de compra de las tierras de sus tribus, que abarcaban lo que es hoy el estado de Washington.

Comenzó el piel roja así su carta: 

"El gran jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El gran jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras.
El gran jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el jefe Seattle, con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones.¡Mis palabras son inmutables como las estrellas!".

Y entonces comenzó su gran lección:

" ¿Cómo podéis comprar y vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua, ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habéis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido, consagrados en la memoria y en la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja".

 

Y continúa: 

"Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja".
 "Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas, el venado, el caballo, el águila majestuosa, son nuestros hermanos. Las crestas rocosas, las savias de las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia”

 

Luego le advierte: 

"Es por ello que cuando el gran jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestra tierras, es mucho lo que pide. El gran jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Pero ello no será fácil, porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y arroyos, no es meramente agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a nuestros hijos que lo son, y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre".

 

Después le dice: 

"Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros, deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daríais a cualquier hermano. No lo comprendo, nuestra manera de ser es diferente de la vuestra. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro. Porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y el derecho de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo el desierto.
No lo comprendo, la vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizás sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el rozar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de las flores y de los pinos".

 

Siguió luego: 

"El aire es algo precioso para el hombre de piel roja, porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el hombre, el árbol. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.
Consideramos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí.
Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de la vida de vuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros enseñamos a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos. Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida; es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a si mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia".  

 

 Y en su parte final:

“Aun el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con él de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora quizá pensáis que sois dueños de nuestras tierras, pero no podréis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre de piel roja que para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El, y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aun en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja, con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros, porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza el sobrevivir".  


Hermosa y actual esta carta resume la visión de ese "salvaje" que sabía vivir en armonía con el medio ambiente, aprovechándolo sin degradarlo. Conmovedora lección a todos los seres humanos que abusan de los bienes naturales que Dios puso a nuestro alcance.


En el sitio de la Fundación Argentina de Ecología Científica se presentan una serie de interesantes artículos donde se expone una visión contrapuesta a muchas de las teorías actualmente aceptadas sobre temas tales como el agujero de ozono, el calentamiento global y otros que el establishment ecologista ha difundido profusamente.
Del Capítulo 6: Asbestos, PCBs, Dioxina y Otros Mitos del libro de Eduardo Ferreyra, Ecología, Mitos y Fraudes, se extrae lo siguiente:


El Fraude del Jefe Seattle [21]

 Muy querido por muchos corazones verdes es el memorable discurso de 1854, atribuido al Jefe Seattle, de las tribus Suquamish y Duwamish ­ cuyas citas se encuentran a lo ancho y largo del mundo, en artículos y filmes sobre el ambiente, en publicaciones del Sierra Club, en remeras y en carteles de los Parques Nacionales. Algunos de los pasajes más citados pueden resultarle familiar:

  • "La Tierra no pertenece al Hombre; el Hombre pertenece a la Tierra."
  • "El aire es precioso para el Hombre Rojo, porque todas las cosas comparten el mismo aliento: la bestia, el árbol, el Hombre."
  • "¿Qué es el Hombre sin las bestias? Si todas las bestias desapareciesen, el Hombre moriría a causa de una enorme soledad del espíritu. Porque todo lo que le ocurre a las bestias, pronto le ocurre al Hombre."
  • "Soy un salvaje, y no comprendo ninguna cosa de otra manera. He visto mil búfalos pudriéndose en la pradera, dejados por el Hombre Blanco que les había matado desde un tren que pasaba, y no entiendo cómo el humeante caballo de hierro puede ser más importante que el búfalo que nosotros matamos solamente para seguir vivos."

Todo muy bonito, muy poético. Sólo hay un problema: las citas son una falsificación – tal como lo descubrió la periodista Paula Wissel durante la elaboración de una nota para el 125o aniversario de la muerte del Gran Jefe Seattle. Las palabras no son del Jefe Seattle en 1854, sino las de un libretista de la televisión de 1970, Ted Perry, que actualmente enseña cine y teatro en el Middlebury College. Perry escribió el discurso como parte del libreto de una documental sobre el ambiente llamado "Hogar", patrocinado por la Comisión de Radio y Televisión Bautista del Sur, y mostrado en la cadena ABC-TV. Tal como le contó a la periodista Wissel (una reportera para la radio KPLU de Seattle), "Los productores creyeron que sonaría mucho más auténtico" si atribuían lo dicho al Jefe Seatlle, en lugar de Ted Perry. Dijo también que no descubrió el asunto hasta que vio el show por la TV y vió que su nombre no figuraba en los créditos.

El informe de Wissel ­ que comunicaba a los ecologistas la mala nueva acerca del discurso del Jefe Seattle ­ fue puesto en el aire el 8 de Junio de 1991 en la Radio Pública Nacional. Había sido un miembro de la misma tribu Suquamish quien alertó a Wissel sobre la falsedad del asunto, mientras ella realizaba su investigación sobre la vida del Jefe Seattle (o Sealth), en cuyo honor la ciudad lleva su nombre. Ella comprobó la historia con Rick Caldwell, en el Museo de Historia e Industria de Seattle: Caldwell y un investigador alemán, Rudolf Kaiser, habían rastreado el origen del mito hasta encontrar a Ted Perry. Como lo narra Caldwell, Perry estaba buscando algunas citas del siglo 19 para incluir en su libreto ecologista, pero "no pudo encontrar a ningún indio de 1850 que hablase la jerga ecologista de 1970."

Caldwell dice que pasa gran parte de su tiempo contestando preguntas sobre el mítico discurso, y que algunas personas directamente no quieren creer que el discurso no es verdadero. Una de las principales claves de que las citas son falsas ­ le dijo a Wissel ­ concierne a los búfalos muertos desde el tren: "No se crían búfalos en estos humedales" y "los trenes no llegaron hasta Seattle sino 14 años después de la muerte del Jefe Seattle."

 El Verdadero Jefe Seattle

Aunque el famoso discurso es un mito, el Jefe Seattle realmente existió y, de acuerdo a muchos registros históricos, era elocuente y sabio. Resulta bastante fácil conseguir un estudio sobre el tema, escrito por Daniel y Patricia Miller, como también un artículo sobre el Jefe Seattle aparecido el 29 de Octubre de 1887 en el Seattle Sunday Star, firmado por el Dr. Henry A. Smith. Si se le solicita, Caldwell suministrará su estudio del otoño de 1983 "El Mito del Manifiesto Ambiental del Jefe Seattle", más una copia del estudio de Rudolf Kaiser de Mayo de 1984 sobre la recepción europea del mito del Jefe Seattle, subtitulado: "Casi una Historia Detectivesca". El Museo de Historia e Industria de Seattle ha impreso un folleto que contie-ne la versión del Dr. Smith, dada en 1887, sobre el famoso discurso del Jefe Seattle. (Copias de este folleto se pueden obtener enviando un sobre con franqueo prepago al Museum of History and Industry, 2700 24th Avenue East, Seattle, Wash. 98112, Estados Unidos).

En su artículo de 1887, el Dr. Smith describe a Seattle con gran admiración y da una transcripción de un discurso que le escuchó pronunciar en respuesta a la propuesta del Gobernador Isaac I. Stevens, probablemente en Enero de 1854. Smith :

"El viejo Jefe Seattle fue el indio más grande que jamás haya visto y, por lejos, el de aspecto más noble . . . Cuando se erguía para hablar en el Consejo o para dar recomendaciones, todos los ojos se volvían hacia él, y de sus labios surgían sonoras y elocuentes sentencias pronunciadas con voz de tonos profundos . . . Su magnífica estampa era tan noble como la de los más cultivados jefes militares en comando de las fuerzas de un continente. "

Además de médico, Smith era un poeta y un filósofo. Tal como lo documenta el estudio de los Miller, antes de la versión mítica de 1970, en el siglo 20 existió otra remodelación de la transcripción realizada por el Dr. Smith del discurso de Seattle, hecha por gente que creyó que el lenguaje de Seattle era demasiado Victoriano y no muy indio. El más conocido de estos trabajos de remodelación es el de William Arrowsmith en 1969 que, de acuerdo a Kaiser, es el que inspiró a Ted Perry, quien, a su vez, dice que se lo escuchó recitar a Arrowsmith en el Día de la Tierra de 1970. Los Miller citan muchas razones por las cuales se cree que la transcripción de Smith de 1887 es la auténtica, y cómo la tradición oratoria india hacía uso de la metáfora. Los Miller describen a Seattle como un aliado de los colonos, a quienes admiraba su tecnología y medicina, haciéndose amigo de un doctor instalado en Olympia, y a quien persuadió de mudarse al área más cerca del hogar de Seattle.

Caldwell cita historias contemporáneas que documentan que Seattle tenía reputación de "maestro de la oratoria" y que "podía ser escuchado desde media milla de distancia cuando se dirigía a su gente, y que parecía controlarles por medio de su poderoso intelecto." A mediados del siglo 19, la población india estaba siendo agudamente reducida por las enfermedades (viruela y sarampión) y por las guerras intertribales, mientras que la población de colonos blancos iba en aumento. Por consiguiente, el Jefe Seattle aceptó la propuesta del Gobernador del Estado de Washington en 1855, que cedía la mayor parte de la tierra al Estado y le dejaba a los indios tierras específicamente reservadas. El discurso expresaba sus pensamientos sobre la cuestión antes de que el tratado se firmase.

 Lo que Seattle Dijo en Realidad

Como lo transcribe el Dr. Smith, el real discurso de Seattle ­ quitándole todo el romanticismo verde de Perry en 1970 ­ es una mirada fascinante sobre cómo un jefe indio veía la invasión de colonos blancos y la lenta disminución de su propio pueblo. En lenguaje elocuente, lleno de metáforas, se sumerge en la cuestión de cómo el hombre blanco y el indio pueden vivir juntos en paz, aunque sus religiones y tradiciones son totalmente diferentes.

Los Miller hacen notar específicamente que las tribus de Seattle no tenían un concepto de "Madre Tierra". Sugieren que la interpretación del Dr. Smith de la religión de Seattle era que el dios del hombre blanco estaba incorporado a su propio mundo de espíritus "como un espíritu mayor, pero uno en el que había perdido la fe al momento de pronunciar su discurso". Dicen los Miller que existen informes de que Seattle se convirtió posteriormente al catolicismo, pero que no existen registros serios que lo confirmen.

Especialmente impactante en la transcripción del discurso hecha por el Dr. Smith es la visión que Seattle tenía de la injusticia de su situación y cómo esto se relacionaba con el Dios de los blancos. El Jefe Seattle dijo:

"Su Dios ama a su gente y odia a la mía; El rodea amorosamente sus fuertes brazos alrededor del hombre blanco y le dirige como un padre haría con sus hijos, pero El ha olvidado a sus hijos rojos; El hace crecer a sus hijos cada día más fuertes, y llenarán muy pronto toda la tierra, mientras que mi pueblo va desvaneciéndose como una marea que se retira con rapidez y que nunca más volverá a fluir. El Dios del blanco no puede amar a sus hijos rojos, sino los protegería. Ellos parecen ser huérfanos y no pueden buscar ayuda en ninguna parte. ¿Cómo podemos convertirnos en hermanos? ¿Cómo puede su padre convertirse en nuestro padre y traernos prosperidad y despertar en nosotros sueños de una retornante grandeza?"

"Nos parece que vuestro Dios es parcial. El vino al Hombre blanco. Nosotros jamás lo vimos; ni jamás hemos escuchado su Voz; El le dio al blanco sus leyes, pero no le habló a sus hijos rojos que por millones llenaba este vasto continente, como las estrellas llenan el firmamento"

"Su religión estaba escrita en tablas de piedra por el dedo de hierro de un Dios enojado, para que no se les olvidara . . . Nuestra religión es la tradición de nuestros antepasados, los sueños de nuestros ancianos, dados a ellos por el Gran Espíritu, y la visión de nuestros sacerdotes, y está escrita en el corazón de nuestra gente."

"Vuestros muertos dejan de amarles a ustedes y a los hogares de su nacimiento tan pronto atraviesan los portales de la tumba. Ellos vagan mucho más allá de las estrellas, son rápidamente olvidados, y jamás regresan. Nuestros muertos jamás olvidan el hermoso mundo que les ha dado el Ser."

El Jefe Seattle advierte contra la inutilidad de más violencia, diciendo:

"Cuando nuestros jóvenes se enojan por alguna real o imaginaria mala acción, y desfiguran sus rostros con pintura negra, sus corazones también se desfiguran y se tornan negros. Entonces su crueldad es incansable y no conoce límites, y nuestros ancianos no pueden detenerlos. Pero tengamos la esperanza de que las hostilidades entre el hombre rojo y sus hermanos carapálidas no regresen jamás. Tenemos todo para perder y nada para ganar".

 "Después de Todo, Podemos Ser Hermanos"

El Jefe Seattle termina con una predicción que resultó muy acertada:"La noche del indio promete ser muy oscura". Luego dice:

"Pero, ¿por qué amargarnos? ¿Por qué debería yo murmurar por la suerte de mi pueblo? Las tribus están hechas de individuos y no son mejores que ellos. Los hombres van y vienen como las olas del mar. Una lágrima, un 'tamanawus', una mueca, y se alejan de nuestros ojos para siempre. Aún el hombre blanco, cuyo Dios caminó y habló con él, de amigo a amigo, no es una excepción al destino común. Después de todo, podemos ser hermanos. Ya lo veremos" .

Luego le recuerda Seattle al gobernador que los espíritus de su antes numeroso pueblo habitan la tierra: "El Hombre blanco nunca estará solo. Sea el blanco justo y trate con bondad a mi pueblo, porque los muertos no están totalmente sin poder".

Rick Caldwell y Rudolf Kaiser documentaron en 1983-84, que la amada versión ecologista del discurso del Jefe Seattle era nada más que un fraude. La Radio Pública Nacional transmitió a nivel nacional la historia de Paula Wissel en 1991. ¿Alguna de las numerosas organizaciones o individuos que usan el discurso ha hecho pública alguna retractación? ¿O es que ellos prefieren el mito y la mentira a la verdad ­ mientras que el mito apoye a su mensaje? ¿Acaso no lo vemos todos los días?


[21]. Mazel Hecht, Marjorie, 1991, 21st Century Science & Technology (Edición del Otoño de 1991), pp 85-87.


 

Parece que el Gran Jefe Seattle dijo algo como esto:

         " El cielo , que ha secado las lágrimas de compasión de nuestros padres por los siglos y que a nosotros nos parece eterno , puede cambiar . Hoy está claro , mañana puede estar cubierto de nubes . Mis palabras , en cambio , son como las estrellas que nunca cambian . Lo que Seattle dice al Gran Padre de Washington es (1) tan verdadero y seguro como la sucesión de las estaciones .

          Nuestra religión es la tradición de nuestros antepasados , los sueños de nuestros mayores , entregados por el Gran Espíritu , y revelados por nuestros jefes , escritos así en el corazón de nuestro pueblo.

           Vuestros muertos dejan de amaros a vosotros , y a su lugar natal ; tan pronto como traspasan los umbrales de la tumba se van lejos a las estrellas , pronto son olvidados y nunca retornan .

          Nuestros muertos nunca olvidan el bello mundo que les dió el ser . Siempre amarán sus serperteantes rios , sus grandes montañas , sus recónditos valles , y siempre añorarán , con la más tierna dulzura , este sentido de la soledad y de la vida ; a menudo frecuentarán estos lugares , confortándose en éllos .

           El día y la noche no pueden convivir. El Piel Roja siempre ha huído de la aproximación del Hombre Blanco , como la cambiante niebla huye de la montaña huye del poderoso sol .

          Sin embargo vuestra proposición me parece justa , y pienso que mi gente la aceptará , y se retirará a la reserva que ofrecéis. Entonces éllos vivirán aparte en paz porque las palabras del Gran Jefe Blanco parecen la voz de la naturaleza , hablando a mi pueblo, desde la densa oscuridad, que se agolpa junto a él , como la niebla espesa invade la tierra hacia dentro desde el mar de medianoche .

           Importa poco donde pasemos el resto de nuestros días . No son muchos . La noche del indio promete ser obscura. Ni una brillante estrella aparece en su horizonte . Vientos de voz triste gimen en la distancia. Alguna cruel Némesis de nuestra raza sigue la huella del Piel Roja, y donde quiera que vaya , siempre oirá las pisadas apremiantes de su cruel verdugo, y esperará resignado el encuentro con su destino, como lo hace la corza herida, cuando escucha las pisadas proximas del cazador .

          Unas pocas lunas más, unos pocos inviernos más, y ni uno solo de los sesenta poderosos espíritus, que un día llenaron esta vasta tierra , y que ahora vagabundean en bandas fragmentadas por las amplias soledades, que antes vieron hogares felices, protegidos por el Gran Espíritu, permanecerán para llorar sobre las tumbas de gentes poderosas y animadas como las nuestras .

          ¿ Pero de qué debo quejarme ? , ¿ Por qué debo afligirme por el destino de mi pueblo ? . Las tribus están formadas por individuos y no son mejores que éllos. Los hombres van y vienen como las olas del mar . Una lágrima , un lamento , un canto funeral y se han ido de nuestros anhelantes ojos para siempre . Incluso el Hombre Blanco cuyo Dios anduvo con él y le habló como de amigo a amigo , no está excento de este destino común . Puede que seamos hermanos después de todo, veremos .

          Ponderaremos vuestra proposición y cuando hayamos decidido os lo comunicaremos . Pero en el caso de aceptarla, aquí y ahora , impongo la primera condición : que nunca se nos niegue el privilegio de visitar, cuando queramos, las tumbas de nuestros antepasados y amigos. Hasta la más mínima parte de este país es sagrada para mi gente .

          Cada colina , cada valle , cada llano y alameda, están marcadas por algún recuerdo , triste o alegre , de la vida de mi tribu . Incluso las rocas que parecen descansar mudas mientras las baña el sol a lo largo de la silenciosa costa , en su solemne majestuosidad se alegran con la memoria de los antepasados sucesos , relacionados con la vida de mi gente ; hasta el polvo , que pisamos con nuestros pies , contesta amorosamente a nuestras pisadas , más que a las vuestras , porque son las cenizas de nuestros antepasados y nuestros desnudos piés , están conscientes de esta agradable comunicación , y porque el suelo está enriquecido con la historia de nuestros muertos .

           El hijo del Gran Jefe Blanco dice que su padre nos envía saludos de amistad y buena voluntad . Esto es gentil por su parte , ya que nosotros sabemos que el tiene poca necesidad de nuestra amistad recíproca , ya que su gente es mucha . Son como la hierba , que cubre las vastas praderas , mientras que mi gente es poca , parecen los esparcidos árboles barridos por la tormenta .

           El Gran - y yo presumo también - Buen Jefe Blanco nos manda palabras de que quiere comprar nuestras tierras , y de que está decidido a permitirnos reservar las suficientes para que podamos vivir razonablemente . Esto parece realmente generoso , porque el Piel Roja ya no tiene derechos que merezcan respeto y la oferta puede ser también inteligente , porque ya no necesitamos un gran país para poder vivir .

          Hubo un tiempo que nuestro pueblo cubría toda la tierra , como las olas de un mar turbulento , pero ya hace mucho desde que ese tiempo paso , y con el ha caído la grandeza de nuestras tribus . No lamentaré , ni lloraré por esta ruina , ni tampoco reprocharé a los rostros pálidos por haberla realizado , porque parte de esa culpa la tenemos nosotros también .

          Cuando nuestros jóvenes se ponen nerviosos por alguna injusticia , real o imaginaria , y desfiguran sus caras con pinturas negras , son a menudo crueles e implacables , y no conocen límites , y nuestros mayores no pueden detenerlos .

           Pero esperaremos que las hostilidades entre el Piel Roja y su Hermano Blanco no vuelvan nunca . Tendríamos todas las de perder y pocas de ganar . Es cierto que se considera positiva la venganza de los jóvenes guerreros , aunque se logre al precio de sus vidas , pero los ancianos que se quedan en casa en tiempo de guerra y las madres que tienen hijos , lo saben mejor .

          Nuestro Gran Padre en Washington - porque ahora imagino que es tan padre nuestro como vuestro , desde que el rey Jorge ha trasladado sus fronteras más al norte - , nuestro gran y buen Padre , digo , nos manda palabras de que si hacemos lo que él nos dice , él nos protegerá . Sus poderosos ejércitos serán para nosotros , como una muralla de protección , y sus grandes barcos de guerra llenarán nuestras costas , para que nuestros antiguos enemigos del Norte - los Simsiams y los Hydas - no nos asusten más , ni a nosotros ni a nuestras mujeres y ancianos .

           ¿ Pero podrá ser esto alguna vez ? . Vuestro Dios ama a vuestro pueblo y odia al mío . El abraza con afecto al Hombre Blanco , estrechándolo en sus poderosos brazos , y lo dirige como el padre guía a su hijo , pero El ha olvidado a sus hijos Pieles Rojas , si es que han sido realmente sus hijos . Vuestro Dios hace cada día más fuerte a vuestra gente , como la cera que se endurece , mientras que mi gente decrece como la bajamar que nunca subirá .

          El Dios del Hombre Blanco no puede querer a sus hijos Pieles Rojas , ya que si no los protegería . Parecemos huérfanos que no podemos pedir ayuda a nadie . Entonces ¿ Cómo podéis ser hermanos nuestros ? , ¿ Cómo puede convertirse vuestro Padre en nuestro Padre para traernos prosperidad y avivar en nosotros sueños de gloria ? . Vuestro Dios nos parece parcial . Vino al Hombre Blanco . Nosotros nunca lo vimos ni oimos su voz . Dió al Hombre Blanco leyes , pero no dedicó ni una sola palabra de atención al Piel Roja que era también su hijo , cuyas abundantes poblaciones , por millones , ocuparon un día este continente , como las estrellas llenan el firmamento . No , somos dos razas distintas y debemos permanecer siempre así . Hay poco de común entre nosotros . Las cenizas de nuestros antepasados son sagradas y el lugar de descanso final , tierra de veneración . En cambio vosotros ignorais las tumbas de vuestros padres y os alejais de ellas sin pena .

          Vuestra religión fue escrita en tablas de piedra por el dedo incandescente de un Dios airado, a menos que podais olvidarlo . El Piel Roja nunca podrá recordarlo así , ni menos comprenderlo .

          Los bravos guerreros , las orgullosas madres , las doncellas alegres y felices en el corazón , e incluso los niños pequeños , que vivieron y alegraron estos lugares a pesar de su breve estación , y cuyos nombres desconocidos están ya olvidados , todavía aman estas sombrías soledades , y esta profunda realidad que a la caída de la tarde se hace todavía más sombría con la presencia de los espíritus del atardecer . Y cuando el último Piel Roja haya desaparecido de la faz de la tierra , y su memoria entre los hombres blancos se haya convertido en un mito , entonces estas cosas se llenarán con la invisible presencia de mi tribu muerta ; y cuando vuestros niños piensen que están solos en los campos , en el almacén o en las tiendas , en el camino o en el silencio de los bosques , no estarán solos . En toda la tierra no habrá ya un lugar dedicado a la soledad . Por la noche cuando las calles de vuestras ciudades o pueblos estén silenciosas y vosotros penseis que están desiertas , se llenarán con los espíritus viajeros , que un día poblaron , y todavía aman esta hermosa tierra .

          El Hombre Blanco ya no estará nunca más solo . Dejadle ser justo y se convertirá pacíficamente con mi gente , porque los muertos tienen poder eternamente .

          ¿ Muertos dije ? . No hay muertos . Solo un cambio de mundos ."

Extraído de:
*http://www.arrakis.es~inti4/seattle2.htm


Otros sitios con información sobre este tema:

*http://www.jmarcano.com/varios/index.html
*http://www.ine.gob.mx/ueajei/publicaciones/gacetas/282/loque.html?id_pub=282
*http://cityofseattle.net/oir/datasheet/spanish/chief_sealth.htm (Sitio oficial de la Ciudad de Seattle)
*http://www-formal.stanford.edu/jmc/progress/fake.html. (About the Chief Seattle Speech, por Paula Wissel.
*http://www.giraffe.org/newstand_3.html#chief http://www.geocities.com/Athens/2344/chiefs4.htm